La obesidad en una enfermedad crónica de origen multifactorial, donde existe un aumento de  peso a expensas del tejido graso. Esta definición me la repiten hasta el cansancio en mis clases de postgrado de Medicina de Obesidad. Pero, ¿qué es un origen multifactorial? ¿Entre todos esos factores cuáles pesan más y cuáles menos? Me quiero ir a la raíz del problema y desmenuzar un poco ese “origen multifactorial”.

Para poder entender fácilmente “los porqués” del sobrepeso y la obesidad, debes conocer que esta enfermedad está compuesta por tres factores vitales para su instalación y mantenimiento:

  1. Factor psicológico
  2. Factor biológico
  3. Factor social

 

FACTOR PSICOLÓGICO

Aquí tenemos como punta del iceberg: la ansiedad y el estrés, males comunes de nuestros días.  Si miras hacia atrás y te observas a ti mismo en un momento de ansiedad, tristeza o depresión, recordarás que en ese estado tu gran deseo fue el de ingerir carbohidratos malos: harinas y azúcares en general. En mi caso particular, en un momento determinado de mi vida, la ansiedad que sentí al perder mi hogar, mi casa por un incendio y mi trabajo casi al mismo tiempo, me hizo aumentar 20 kilos en un año. Y, créeme, no me di cuenta. Estaba demasiado ocupada tratando de salir adelante como para detenerme a ver qué pasaba con mi cuerpo.

Cuando estamos sometidos a altos niveles de estrés, ansiedad, depresión o miedo, nos creamos una necesidad de comer algo a cada rato. Y para satisfacer nuestro paladar, siempre buscamos como primera opción los carbohidratos malos (de mayor índice glicémico), pues nuestro cuerpo está tratando de aumentar los niveles de serotonina cerebral (hormona del bienestar). Te encontrarás consumiendo grandes cantidades de “energía” que no vas a utilizar para nada y por lo tanto se almacenarán totalmente en tu tejido graso. Al consumir carbohidratos malos en exceso, tu páncreas estará liberando grandes cantidades de insulina, lo que te hará sentir más hambre y aumentará tu mecanismo para convertir todo lo que te comas en grasa. ¿Y sabías que el tejido graso de nuestro cuerpo puede aumentar todo lo que la piel aguante? ¡No hay límites para absorber y depositar las grasas que consumes! Horrible, ¿no?

Además de esto, lo más grave es que el estrés aumenta la producción de CORTISOL. Un nombre que, con sólo escucharlo, quiero salir corriendo. Me asombra saber cuánto daño puede hacernos esta hormona.

El CORTISOL es considerado la hormona del estrés, pues el organismo la fabrica ante situaciones de emergencia para ayudarnos a enfrentar un problema o emergencia. Esta hormona hace que el organismo libere glucosa a la sangre para enviar cantidades masivas de energía a los músculos, para resolver esa situación de alarma, por ejemplo, salir corriendo en caso de ser atacado por un perro rabioso. Cuando la situación de estrés es puntual, una vez superada la emergencia, los niveles hormonales y los procesos fisiológicos vuelven a la normalidad y todo marchará bien nuevamente.

Pero cuando el estrés es prolongado, como es muy frecuente hoy en día debido al ritmo de vida que llevamos, se disparan en el organismo los niveles de cortisol todo el tiempo y eso traerá diversas consecuencias nocivas para nuestro organismo.

Como mencione anteriormente, la función principal del CORTISOL es mantener niveles de glucosa disponibles en la sangre.

Cuando tenemos el cortisol elevado en forma prolongada (¡Muchas gracias al estrés!), aumenta la glucosa en la sangre y se crea resistencia a la insulina para que no pueda utilizar la glucosa, aumenta de la destrucción proteica (perdemos masa muscular) para convertir nuestras proteínas en glucosa, aumenta nuestro apetito y consumimos más calorías, aumenta y se redistribuye la grasa corporal, produciendo una obesidad de predominio central. Lo que quiere decir que acumulamos grasa en el tronco, abdomen y espalda, manteniendo los brazos y las piernas relativamente delgadas, disminuye nuestra respuesta inflamatoria con lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones, disminuye la absorción intestinal de calcio (conduce a osteoporosis), retenemos sodio lo que produce retención de líquidos e hipertensión arterial, entre muchas otras consecuencias más. Podría estar cuatro horas escribiendo sobre las consecuencias del cortisol elevado en la sangre.

Al final, lo que interesa saber es que, si tienes el cortisol elevado por estrés, aumentarás de peso irremediablemente y, como  “valor agregado”, obtendrás un sinnúmero de enfermedades y complicaciones.

Por último, cuando tenemos estrés, lo que menos queremos es hacer ejercicios, ¡porque nunca tenemos tiempo! La mejor excusa que se ha inventado…

Si tienes una caminadora en  tu casa, le pasarás por al lado sin verla o le colocarás ropa encima convirtiéndola en un perchero. Cuando decides hacer algo por tu vida y te inscribes en un gimnasio, pasa un mes como mínimo entre el día en que decidiste ir y el día que vas realmente, y desfilan por tu mente mil quinientas excusas para sabotear tu voluntad… Créeme, todas las conozco, podría hacer un manual de excusas para no ir al gimnasio.

¿Te habías dado cuenta de lo difícil y dañino que es vivir bajo estrés? ¿Qué estás esperando para buscar ayuda? Si quieres alcanzar y mantener un peso saludable, deberás implementar una estrategia en tu vida para controlar la ansiedad y el estrés.

FACTOR BIOLÓGICO

En cuanto a la parte física, te tengo dos grandes noticias: sólo entre el 5 y 10 % de los casos de obesidad están ligados a factores genéticos y hereditarios; y sólo el 0.5 % de los pacientes hipotiroideos desarrollan obesidad.

El hipotiroidismo ocurre generalmente sólo en un 3 % de la población, y aparece obesidad sólo cuando el hipotiroidismo es severo o en los pacientes que no son tratados en forma correcta, que generalmente ya tenían un exceso de peso antes de la enfermedad.

¡¡¡Ya deja tranquila a la glándula tiroides!!! Ella no tiene la culpa del sobrepeso en la inmensa mayoría de los casos. Existen signos y síntomas claramente definidos que podrían hacernos pensar en un hipotiroidismo, pero sólo un médico puede hacer el diagnóstico. No se indica de rutina la realización de los exámenes de laboratorio T3, T4 y TSH para descartar hipotiroidismo como causa de obesidad.

La edad y la menopausia tienen un efecto importante en la obesidad, sobre todo en el metabolismo. A medida de que envejecemos, nuestro metabolismo se va haciendo más lento, lo que significa que gastamos menos energía en estado de reposo. Es decir, que al gastar menos y consumir igual o más calorías, engordamos. Recuerda la ecuación para mantener tu peso: la energía que entra a tu cuerpo debe ser igual a la energía que gastas. Si la energía que entra es mayor a la que gastas, engordas, y si es menor, ¡rebajas! Así de fácil y simple es esto.

Para contrarrestar el paso de los años, lo que tenemos que hacer es aumentar la actividad física aeróbica. Debemos mantenernos activos con ejercicios que aumenten el consumo de oxígeno y nuestra frecuencia cardiorespiratoria.

Con respecto a la menopausia, en esta época de la mujer, se presenta cierta disminución de la respuesta pancreática a los azúcares y una resistencia a la insulina. Además, por los cambios hormonales, las mujeres pueden padecer depresión, mal humor y ansiedad, lo que hace que realicen menos actividad física y consuman más carbohidratos.

Hoy en día, adquiere más fundamento la teoría de que el exceso de producción de insulina es más una causa que la consecuencia de la obesidad. Es increíble como los consultorios de los médicos internistas, ginecólogos, endocrinólogos y especialistas en obesidad se encuentran saturados de pacientes (hombres y mujeres) con síndrome metabólico o de resistencia a la insulina. Clínicamente, este síndrome se define como la incompetencia de una determinada concentración de insulina para conseguir el control de la glucosa y eso trae una serie de consecuencias en cascada que te conducen irremediablemente a la obesidad. Es una causa frecuente de obesidad, por lo que en caso de sospecharlo debes acudir a un médico especialista para que lo detecte y controle oportunamente.

Acude a tu médico si presentas alguno de los siguientes factores:

  • Obesidad abdominal (circunferencia abdominal en hombres mayor a 90 cm y mujeres mayor a 75 cm)
  • Triglicéridos altos (mayor a 150 mg/dl)
  • HDL colesterol bajo (colesterol bueno, menos de 40 mg/dl en hombres y menos de 50 mg/dl en mujeres)
  • Presión arterial alta (mayor o igual a ≥130/ ≥85 mmHg)
  • Niveles de glucosa en ayuno (por encima de 100 mg/dl)

¡Podrías tener síndrome metabólico y no saberlo! Tiene solución, ¿qué esperas?

 

FACTOR SOCIAL

Este es uno de los factores más importantes causantes de la obesidad, sobre todo en las familias de hábitos gregarios (tendencia a agruparse), hombres y mujeres de negocios y en todos aquellos grupos de personas que hacen vida social alrededor de una mesa o cocina de la casa.

Si en las noches consumimos alimentos ricos en energía (carbohidratos malos, abundantes grasas, alcohol), no los vamos a quemar, porque estamos en el momento del día en el que nuestro metabolismo llega a su punto más bajo. Así que todo lo que consumamos se transforma en grasa. ¡No existe algo que engorde más que las comidas ricas en grasas y en carbohidratos malos, ingeridos durante la noche!

CONDICIONES QUE LLEVAN A LA OBESIDAD

Si tienes…

  • Colesterol alto y resistencia a la insulina.
  • Una vida sedentaria.
  • Un motivo de trabajo para mantenerte viajando frecuentemente.
  • Una despensa repleta de carbohidratos malos (galletitas, chocolates, dulces, panes, chuchería), refrescos y alcohol.
  • Un teléfono con acceso ilimitado a toda la comida rápida a domicilio.
  • Un sofá cómodo para acostarte a ver televisión y comer.
  • Una buena dosis de ansiedad, depresión o estrés.
  • Una familia obesa o que gira en torno a la comida.
  • Y un grupo de amigos comelones nocturnos.

¡Seguramente, sin duda alguna y con certeza tendrás kilos de más!

¿Qué esperas para cambiar tu vida? ¡Ser saludable, implica tomar las decisiones correctas!

Dra. Samar Yorde

@soysaludable

soysaludable.info@gmail.com

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