
El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ataca el sistema inmunitario y debilita los sistemas de vigilancia y defensa de la persona contra las infecciones y algunos tipos de cáncer. A medida que el virus destruye las células inmunitarias e impide el normal funcionamiento de la inmunidad, la persona infectada va cayendo gradualmente en la inmunodeficiencia, estado que provoca una mayor sensibilidad a muy diversas infecciones y enfermedades que las personas con un sistema inmunitario saludable pueden combatir. La fase más avanzada de la infección por el VIH es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, o sida, que puede tardar de 10 a 15 años en manifestarse. Esta etapa se define por la aparición de ciertos cánceres, infecciones u otras manifestaciones clínicas de gravedad.
Alcance
El VIH es uno de los agentes infecciosos más mortíferos del mundo, que en los últimos 30 años se ha cobrado más de 25 millones de vidas. En 2010 había alrededor de 34 millones de personas afectadas por el virus, más del 60% de las cuales estaban en el África subsahariana.
Signos y síntomas
Los síntomas de la infección por el VIH difieren según la etapa de que se trate. Aunque quienes viven con el VIH tienden a alcanzar el pico de infectividad en los primeros meses, muchos ignoran que son portadores hasta que llegan a fases más avanzadas. En las primeras semanas que siguen al contagio, la persona a veces no manifiesta ningún síntoma, y otras veces presenta una afección de tipo gripal, con fiebre, cefalea, erupción o dolor de garganta.
A medida que la infección va debilitando su sistema inmunitario, la persona puede presentar otros signos y síntomas, como inflamación de los ganglios linfáticos, pérdida de peso, fiebre, diarrea y tos. En ausencia de tratamiento podrían aparecer enfermedades graves como tuberculosis, meningitis por criptococos o cánceres como linfomas o sarcoma de Kaposi, entre otros.
Transmisión
El VIH se transmite por contacto íntimo y sin protección con determinados líquidos corporales de una persona infectada, como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales. No es posible contagiarse a resultas de contactos de tipo ordinario y cotidiano como puedan ser los besos, abrazos o apretones de manos o por el hecho de compartir objetos personales, alimentos o bebidas.
Ejemplos de vías de transmisión del VIH:
- coito anal o vaginal sin protección con una persona infectada por el VIH;
- transmisión de la madre al niño durante el embarazo, el parto o la lactancia;
- transfusión de productos sanguíneos infectados por el VIH;
- utilización de material de inyección, tatuaje o perforación cutánea o de instrumental quirúrgico contaminado.
Factores de riesgo
Hay ciertos comportamientos que incrementan el riesgo de que una persona contraiga el VIH. Se trata de los siguientes:
- practicar coito anal o vaginal sin protección;
- padecer alguna otra infección de transmisión sexual como sífilis, herpes, clamidiasis, blenorragia o vaginosis bacteriana;
- compartir agujas o jeringas contaminadas, soluciones de droga u otro material infeccioso para consumir drogas inyectables;
- recibir inyecciones o transfusiones sanguíneas sin garantías de seguridad o ser objeto de procedimientos médicos que entrañen corte o perforación con instrumental no esterilizado;
- pincharse accidentalmente con una aguja, lesión que afecta en particular al personal de salud.
Diagnóstico
Una prueba de detección del VIH revela presencia o ausencia de la infección por la presencia o ausencia en la sangre de anticuerpos contra el virus. El sistema inmunitario genera anticuerpos para luchar contra agentes patógenos externos. La mayoría de las personas pasan por un “periodo silente” de entre 3 y 12 semanas durante el cual los anticuerpos contra el virus se están fabricando y no son todavía detectables. Esta primera etapa es el momento de mayor infectividad, pero la transmisión puede producirse en todos los estadios de la infección. Conviene confirmar los resultados de una prueba de detección practicándola de nuevo a los tres meses, una vez transcurrido el tiempo suficiente para que las personas infectadas generen anticuerpos.
Las personas deben estar de acuerdo en someterse a la prueba de detección del VIH, y hay que proporcionarles asesoramiento adecuado. Los resultados deben ser siempre confidenciales, y después de la prueba toda persona ha de recibir asesoramiento y atención complementaria, tratamiento o medidas de prevención, según convenga.
Tratamiento
Es posible inhibir el VIH mediante tratamientos que combinan el uso de tres o más fármacos antirretrovíricos, que, si bien no curan la infección, inhiben la replicación del virus en el organismo de la persona y permiten que su sistema inmunitario recobre fortaleza y capacidad para luchar contra las infecciones. Gracias a la terapia antirretrovirica, los infectados por el VIH pueden llevar una vida sana y productiva.
Se calcula que a finales de 2010, en los países de ingresos bajos o medios, recibían terapia antirretrovírica 6,6 millones de personas infectadas por el VIH, de las que entre 420 000 y 460 000 eran niños, según las estimaciones. Ello supone haber multiplicado por 16 el número de personas sometidas a dicho tratamiento en los países en desarrollo entre 2003 y 2010.
Fuente: OMS





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