High-Res Stock Photography: Couple talking

 

El pasado lunes, tomando el café con compañeras del trabajo, dos contaban que se habían ido de fin de semana de chicas con otras tres amigas y que habían vuelto muy contentas y relajadas pero, que aunque se lo habían propuesto, no consiguieron consumar con ninguno de sus ligues. No pasaron del coqueteo. Y me acordé, que hace años estuve preguntando aquí y allá, brujuleando por libros y por la Red, y elaboré una especie de decálogo para afinar en ese momento clave:

Coqueteando en un bar, de Mario Luna.

Le miras, te observa. Te atrae, le gustas… Pero cuando pasáis a mayores tu príncipe azul se vuelve rana. Si en el sexo es malo, hay que plantearse qué hacer. Porque, desde luego a mi, me importa más la calidad que la cantidad de mis relaciones sexuales. Lo cierto es que, a priori, resulta difícil saber cómo se va a comportar alguien entre las sábanas. Aunque, si esa persona ha suscitado nuestro interés, más vale tirarse a la piscina. Es mejor tener una mala experiencia que perder una (o varias) buenas. Pero, bueno, aquí van una serie de pistas para chicas a quienes gustan los chicos. De varones heterosexuales, me ocuparé en otro post.

1. Observa si está o no en buena forma física (no vaya a ser que se axfisie a los tres movimientos pélvicos). Y en cómo va arreglado. Pero, ¡ojo!, si está enamorado de sus bíceps y es más fashion victim que tú, tampoco te interesa. Seguro que siempre quiere que te pongas abajo para aprovechar y hacer unas flexiones.

David Beckham, tipo que (igual sin motivo) se me viene a la cabeza cuando escribo lo anterior. Me da pereza.

2. Un refrán reza así: Si quieres saber como es la persona en la cama, obsérvalo mientras come. Si has topado con un tiquismiquis, un glotón o alguien sólo pendiente de su propio plato… ¡huye! Además, alcohol y sexo no hacen buena pareja. Una cosa es tomar algo y otra beber en exceso.

3. Siempre se ha dicho que quien sabe bailar, se maneja bien entre las sábanas. Tampoco hace falta ser Jacko, se trata más bien de fijarse en el lenguaje corporal, de observar quien se mueve con decisión y, a la vez, con delicadeza.

Joaquín Cortés, un hombre que me pone mucho bailando.

4. También su forma de comportarse puede resultar relevante. Desde luego, si está pendiente de ti, es una buena señal. Sin embargo, un hombre poco atento, impuntual por norma, que apenas te deje hablar… lo más probable es que bajo las sábanas sea igual de grosero.

5. Ahora vamos a agarrarnos a las estadísticas. Infórmate sobre su ocupación laboral o sus estudios. Una revista demográfica estadounidense descubrió una conexión entre el apetito sexual y la inteligencia. Los que tenían estudios de posgrado registraban 52 relaciones sexuales al año, comparado con las 61 de los graduados y las 59 de los que abandonaron los estudios… Los que trabajaban de nueve a cinco sólo lo hacían 48 veces al año, mientras que lo que lo hacían más de 60 horas a la semana, incrementaban esa cantidad hasta llegar a las 82 veces.

6. Color, color… Mientras que entre hombres blancos, latinos y negros no existen diferencias significativas, los asiáticos fueron los que registraron una frecuencia más baja de relaciones sexuales.

Portada de Fiebre de amor: ¿qué tiene que ver la raza con esto?, de J. C. Davies.

7. ¿Qué música escucha? Según otro estudio norteamericano los amantes del jazz registraron un 34% más de relaciones sexuales que los fanáticos del pop, mientras que alos que les va la música clásica se ponen a la cola de la clasificación.

8. Échale cara y pregúntale directamente qué cosas le gustan, cuáles ha probado, cuáles no. Sus respuestas nos revelarán cómo anda de autoestima sexual.

9. Échale todavía más cara y, para saber cómo mueve las manos, pídele un masaje con cualquier excusa (pomada que te tienes que aplicar, una supuesta torcedura del pie…).

10. Hombre, cómo decía Kant, los juicios a priori carecen de la validez de los juicios a posteriori. Vamos, que todo lo dicho son especulaciones. Para saber como se va a conducir un hombre en tu cama, la prueba del algodón la tiene que pasar en la susodicha. Si aprueba, bien. Y si suspende, tu decides si le das por perdido o le dejas hacer la repesca. Fíate de tu intuición.

Fuente: ElPais

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